Alagón, empapelado a tope con mis monigotes. Me mandan esta foto tan chula de una marquesina en Alagón con el cartel que hice para San Jorge de este año, y de fondo se ve el monigote del Salmón de Alagón que he hecho para los carnavales. ¡Buenos días, muchachada!
¡Planazo para este fin de semana! Te das un paseo hasta el barrio del Gancho, te acercas al Mercado de las Luces (en C/ San Pablo 59), nos pillas un tebeo, te lo firmamos, alparceas los otros puestos (que seguro que te llevas algo más) y te vas a echar el vermú al Bar Pollería San Pablo. ¡Insuperable!
Hace poco me escribieron para pedirme una caricatura como regalo de despedida par un muchachuelo que iba a cambiar de curro. Qué sorpresa cuando me mandan las fotos y resulta que… ¡era el gran Latro Latronis! Pues nada, otro dibujete que le hago (y ya van…).
Si tú también quieres regalarle a alguien una caricatura, aunque nos sea colega mío, ya sabes: me lo pides por privado (mejor si es con educación) y lo hablamos.
Boceto a lápiz y resultado final de una ilustración para el LAAAB (Laboratorio de Aragón [Gobierno] Abierto).
Esta ilustración forma parte de una serie de 10 que he hecho para un proyecto en Montpellier presentado en el marco de unas jornadas sobre el futuro de Occitania.
Espero que os mole mi rollo futurista viejuno, ¡a pasar buen viernes!
Mañana jueves 2 de febrero estaré en la 511ª edición de la feria de la Candelera de Barbastro. Firmando ejemplares de «Petronila: la continuidad del reino» y del resto de mis libros y tebeos. De 10:00 a 17:30 y junto a Caballeros de Exea ¡Os espero!
Algunas de las chorrocientas caricaturas de parejitas que he hecho últimamente. Si tú también quieres tener un detallico así con tu pareja, con tus cuñaos, tus padres o ese amigo que se casa por cuarta vez a los 57 años y ya no sabes qué narices regalarle, aquí tienes la solución: me lo pides por privado (mejor si es con educación) y lo hablamos. #caricaturas #caricaturaspersonalizadas
Otro cartelico que he hecho últimamente: el del ciclo de comedia «Más risas, por favor». Del 4 al 25 de febrero en el C.C. Río Ebro (en el Actur, vamos). ¡Ojo a la programación porque es de traca! Las entradas se pillan en Entradium.
En 1842 aparecía en el «Semanario Pintoresco Español» un artículo de costrumbre escrito por vicente de la Fuente con el título «El Salmón de Alagón».
Existen dos versiones muy difundidas. Ambas buscan deliberadamente la conexión con la figura real.
Así, una nos habla como los alagoneros asaltan carros llenos de salmón que iban destinados a la cena del Rey que estaba afincado en las afueras de Zaragoza.
Otra, no menos conocida, cuenta al Rey presente en Alagón y dispuesto a comerse las bandejas de salmón que le van preparando; salmón que no llegará a probar pues el ingenio alagonés salva al salmón del delicado estómago real y lo lleva al hambriento estómago alagonero.
Otras menos conocidas, nos hablan del barco que cargado de salmón embarranca en el Ebro y es asaltado por el pueblo de Alagón. O aquélla que nos habla de Alagón como centro del despieze del salmón que llega de las aguas altas del Ebro.
En todas las versiones encontramos constantes comunes: el salmón, el hambre alagónes que lleva a tomar de una forma y otra el salmón ajeno, y el resultado de todo ello: el impuesto censal que ha de pagarse; y que hoy aún circula la idea de que hasta hace no mucho seguía pagando dicho impuesto.
Siguen a estas líneas de Vicente de la Fuente:
«La villa de Alagón está situada a los 15 grados y 40 minutos de longitud y 41 con 53 de latitud, según afirma Espinat, pues yo no la he medido. Es un pueblo de consideración y nombradía, no solamente por su mucho vecindario, sino aún más por la hermosura y fetilidad de su terreno, situado entre el canal, el Jalón y el Ebro, y próximo a la confluencia de estos dos últimos.
Además de estas cualidades, que podemos llamar esenciales e intrínsicas, hay pueblo en Aragón que no adquiera algún tanto de esta celebridad accidental, por pagar cierto tributo al paladar. Pero aún es mucho más célebre el salmón de Alagón, y no porque se pesque allí, sino por una tradición, que es harto vulgar en todo Aragón, pero fuera de aquel país apenas es conocida.
Dícese, pues por tradición no interrumpida, que en una tarde del mes de marzo llegó a la villa de Alagón un arriero en dirección a Zargoza; pero siendo ya algo tarde, tuvo que detenerse en el mesón del pueblo. Añaden personas bien informadas, que el tal arriero era un hombrón de Calanda, de lo más bien plantado que había salido de la tierra baja. Había sido miñón, y como tal había perseguido el contrabando y los ladrones, hasta que tomó su baja. Entonces volvió la oración por pasiva, y se puso a contrabandista, con lo que había pescado arío revuelto, hasta que para su desgracia vino a caer en manos de sus sucesores. Habiendo logrado indultarse, recogió velas, trato de mudar de rumbo, y con los residuos de su pesada fortuna que había logrado salvar del naufragio, se puso a probar fortuna en el oficio de arriero.
A pesar de eso, jamás olvidó los resabios de su primer servicio: gustaba de llevar el sombrero a lo curro, fumaba brasil, bebía puro y de largo, hablaba a lo matón, poco y detenidamente; echaba un taco entre cada dos palabras y por menos de un soplo era capaz de armar una quimera, hasta con su sombra.
Tal era el arrierito que se echaron a la cara el alcalde y otras notabilidades de Alagón, que estaban paseando a las afueras del pueblo un martes de Semana Santa. Como en aquel tiempo no había periódicos, y el ramo de correos no estaba muy atendido, no se conocía aún la plaga designada con el título Político-Manía, la aparición de un viajero, ora fuese arriero, ora peregrino, era más interesante que una gaceta extraordinaria. Rodeábanle los curiosos, se afanaban sobre sus preguntas. El viajero por su parte se esforzaba a mentir, y aunque no vivniese de luengas tierras, no por eso falsificaba el adagio, revolviendo el Mongol, con Astrakán, y refiriendo los sucesos de Utrera, aunque viniese el Bierzo.»
Ayer presentamos en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés nuestro último libro «Petronila: la continuidad del reino». Muchas gracias al montón de gente que asistió, que aguantaron nuestra turra con paciencia, que nos preguntaron mil cosas y que nos tuvieron firmando ejemplares un buen rato. Si aún no tienes este melocotonazo pásate ya mismo por tu librería favorita (o pídemelo por privado que te lo mando a casica dedicado y sin pagar gastos de envío). ¡A tope!